2 abr. 2013

Caderas del delirio.

De puro fuego es, la perfección de la curva de sus caderas. Ardientes mis labios que ansiosos rodean su cuello, y que recorren su cuerpo buscando más y más calor. Como pecado más allá de lo impensable, manos, labios, cuerpos y locura.

Se hace el silencio cuando la mano recorre su desnuda espalda, quemándose poco a poco en su descenso.

Se hace el desenfreno cuando sus labios dominan el torso y mis manos buscan tras su cuello controlar el momento, pero el control ha quedado tras los besos y la respiración. Solo hay fuego, de sus caderas que paran el tiempo y hacen que sólo quede deseo, llevándonos hasta perdernos en nosotros mismos, juntos, de mis manos a sus caderas, y de su cuello a mis labios, de éste a otro mundo, entre sábanas y cuerpos.

Sintiendo el olor y el tacto de cada centímetro de su piel.

Perdiendo el ritmo de la respiración cuando todo lo que hay es fuego ya.

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