8 mar. 2012

La piel del espejo.





Estriba sus tormentos en la esperanza, que pecado tras pecado asiente a la serpiente trato a trato.
Es corrompido el camino entre el rezo y la blasfemia; perdiendo cada segundo de vida en alzar altares a la gracia de su reflejo.

Se adora, se mima; esculpe su majestuosa sombra; diríase que el sol nació para servirla.
Asevera el miedo que no quiere continuar con esta lucha, la conllevada contra el amor ajeno.

 Amarse a sí mismo es un derecho, una obligación, un placer y una medicina para el corazón. Sin embargo, nadie puede amar hasta dejar la vida en ello.
Ama y cuida el qué; no siempre ha de amarse uno antes que a nada, no siempre, ni nunca -dijo su conciencia.

Amante de las maravillas que da el delirio primaveral de la vida; pierda el sentido todo menos la belleza impregnada en la superficie de la existencia: larga vida a la espera del más allá.

Aguarda con impavidez, el otro lado del espejo, esperando a que Narcisa no ceda en su mayor dedicación. Se ama, a cada mentira un tanto más.

El espejo, la pared, sus reflejos y silencios. Amar a quien cree amarse, pero tan sólo tiene miedo de que el espejo se convierta en pared; es todo irremediablemente silencio.

Reflejos que venden vacunas contra desamores fingidos.

Su piel es la razón para todo.





Imagen tomada de la película  Säsom i en spegel, dirigida por Ingmar Bergman.






No hay comentarios: